NIños Jugando Y Niña Mirando

El problema sí es el rosa

  • 25 febrero, 2016

El problema no es el rosa. El rosa es un color bonito, a mí que me encanta aunque no lo reconozca…Entonces ¿por qué muchas rechazamos vestir de rosa nuestras vidas, a nuestras hijas? Porque el rosa, el rosa pastel, el rosa bebé, es el disfraz que esconde la discriminación a la que nos vemos sometidas las mujeres. Porque en algún momento (en el siglo XX de hecho) se determinó que a las niñas se las vestía de rosa y a los niños de azul. Lo cierto es que antes era al revés, se consideraba más viril el rosa. Pues esa imposición social que es quizás la primera que sufrimos al nacer, supone que con el color, nos están diciendo “tú que eres un niño, tienes que ser esto, hacer lo otro y comportarte así o asá” . Y lo mismo para ellas con el agravante de que lo que determina la sociedad que corresponde a las niñas supone que se siga esperando de nosotras que ocupemos los espacios privados, vamos, la casa y que carguemos con toda la ristra de cuidados que conlleva. Y se espera de nosotras que seamos dulces y que no demostremos fuerza, y que queramos ser madres (por supuesto abnegadas), y que nuestra sexualidad se ajuste a lo esperado. Y por supuesto, que no nos quejemos demasiado porque nos tenemos que esforzar más que los hombres para conseguir un buen trabajo, un salario justo, un puesto de poder.

El rosa se ha convertido por tanto en símbolo de discriminación, de limitación de oportunidades, de reproche al afán de libertad.

Y me diréis, pero somos diferentes. Bueno, es obvio que a nivel biológico no somos iguales pero eso no puede justificar el trato desigual. Diferentes sí, desiguales no decía un slogan. Y en todo caso como dice Silvia Federicci, las diferencias no son el problema, el problema es la jerarquía que hace que las diferencias se vuelvan una fuente de discriminación, de devaluación y subordinación social.

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