Machista a la vista

  • 21 abril, 2015

Estaba pensando a quién elegir para estrenar esta sección y, cosas de la vida, van ser dos machistas, un hombre y una mujer, quienes lo hagan. Así es un post paritario.

No hay nada como una campaña electoral para decir sandeces y primero Albert Rivera, de Ciudadanos, y Esperanza Aguirre después, se han manifestado a favor de legalizar la prostitución, esto es, el acceso masculino por precio al cuerpo de las mujeres.

No me parece extraño que defiendan esta opción. Si unimos neoliberalismo con machismo no podía ser de otra manera. Los argumentos de él son de carácter económico: “regular la prostitución permitiría al Estado recaudar 6.000 millones de euros en impuestos”. Lo curioso es que reconoce que “un 85% de la prostitución que se ejerce en España es forzosa”. Me gustaría saber entonces cuál es su propuesta para luchar contra la trata de mujeres y niñas. Como propuesta económica de apoyo para salir de la crisis que vivimos causada por los mecanismos neoliberales, no está mal. Cómo vamos a desperdiciar semejante posibilidad… Da igual que sea a costa de la explotación de las mujeres. En España en concreto se estima que existen 48.000 mujeres víctimas de trata. Además el 90% de las mujeres que trabajan como prostitutas no son españolas, por lo que muchas de ellas no pueden ejercer su derechos de ciudadanía de forma plena.

En el caso de Aguirre me extraña aún menos. En primer lugar porque si hay una política abanderada del neoliberalismo, es ella. Vamos a dejar que las putas ejerzan su libertad para cobrar porque utilicen su cuerpo pero que no se les ocurra manifestarse, que eso es subversivo. Y en segundo lugar porque Esperanza no da puntada sin hilo y su no-colega de partido, Ana Botella, es partidaria del modelo abolicionista, así que no iba a estar de acuerdo con ella. Es llamativo además que tanto a Rivera como a Aguirre les preocupen tanto los derechos laborales de las prostitutas mientras que sus propuestas electorales carecen de cualquier perspectiva de género. Cuando se preocupen por los derechos de las mujeres, que entren a discutir qué modelo de intervención pública es más adecuado adoptar en este tema. Mientras tanto, que se dejen de electoralismo.

La mayor parte de las mujeres que ejercen la prostitución lo hacen de manera obligada por las circunstancias económicas y sociales en las que viven. Si el Estado pusiera en marcha políticas eficaces de integración social para todas, incluidas las inmigrantes, estoy segura de que estarían encantadas de pagar sus impuestos por tener empleos no despreciados socialmente. Si aún así hubiera mujeres que prefiriesen cobrar porque utilizasen su cuerpo, lo siento pero no comparto que un Estado que pretende ser igualitario respalde esta forma de violencia de género igual que no respalda la violencia cuando se produce en el ámbito doméstico aunque la víctima defienda al maltratador. La violencia de género doméstica es perseguible de oficio porque se decidió que la igualdad de mujeres y hombres es un valor que está por encima de la supuesta libertad individual. Ni el aumento de PIB por la inclusión de esta “actividad económica” ni la protección de la libertad individual pueden oponerse a la lucha por la igualdad de género.

 

 

 

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