Familia Japonesa

Yo doy teta. Tú pon la lavadora, por favor

  • 28 mayo, 2016

Empiezan a proliferar papás corresponsables que parece que andan buscando que les pongan una medalla por cumplir con sus obligaciones. Y las consiguen, sí, aún hay mucha abuela por el mundo que se emociona cuando ve a un papá con sus peques en el parque. O en la sala de espera de la pediatra. Y si es haciendo la compra ya ni te digo. No hay nada más enternecedor que un papá agobiado haciendo malabares con el carrito lleno mientras la niña intenta pillar lo que puede desde su trono en lo alto de las bolsas y cajas de la compra y el mayor corretea poniendo en peligro los botes de oferta apilados cual pirámide azteca.

A ese papá no le faltarán miradas comprensivas, admiradas por su buen hacer de padre comprometido. Eso sí, si nos ven a nosotras a punto del paro cardíaco en el súper, pensarán que las madres de hoy no sabemos controlar a nuestra prole y que nos agobiamos por cualquier cosa…

Pues así, con una mirada de aprobación por aquí, una palmadita por allá y una buena dosis de orgullo varonil que muchas veces viene de serie, se empoderan y creen que son la pera limonera porque hacen lo que tienen que hacer. El reconocimiento social que nunca tenemos las mujeres por ocuparnos del lado oculto de la vida, los trabajos reproductivos, lo reciben ellos a modo de confeti feliz.

Y llegan a decir cosas como que les encantaría tener tetas para amamantar y mira, hasta ahí podíamos llegar. Lo único que tenemos las mujeres exclusivo de verdad, de verdad, es la capacidad de engendrar, parir y dar teta. Así que eso no, no lo digáis ni en broma. Tenéis tooodas las ventajas que supone haber nacido hombre, lo único que no nos podéis quitar es el disfrute de la maternidad. Pero no os preocupéis, hay muchas más cosas de las que podéis ocuparos en la crianza. Quizás no son tan vistosas, ni habrá nadie viendo cómo las hacéis, pero también son necesarias.

Puede que el mayor logro de nuestro curriculum sea ser mamá pero lo vivimos con naturalidad. Además, si acudimos a un grupo de crianza para compartir nuestras dudas y vivencias, vamos con la niña encima y el niño enganchado a la pierna en lugar de aparcarlos en casa. Creo que las nuevas masculinidades no deberían ir por este camino. Porque esto de la mapaternidad tiene muchas luces pero también bastantes sombras y, ¡oooh! el campeonato del papá perfecto no existe. Y si existiese lo ganarían los pigmeos, que para eso son los que más tiempo pasan con sus bebés. Y ellos sí los llevan a todas partes.

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