Rosa Y Azul

Las gafas violeta en la educación activa

  • 9 febrero, 2016

Nos convertimos en madres, en el embarazo nos hemos informado de tooodas las opciones para parir de forma respetuosa, que si en el hospital, que si en casa, que si con epidural, que si a pelo con toda la fiesta de oxitocina y los fuegos artificiales de por medio. Y antes de que nazca la criatura ya nos hemos empollado el manual de la perfecta madre, y queremos darle teta, mucha teta, toda la teta del mundo. Porque es lo mejor. Y vamos a colechar porque así respetamos sus necesidades. Le dejaremos moverse de forma libre para que sea autónomo y crezca con seguridad para orgullo de Emmi Pikler. Y le daremos comidita de mayor en vez de papillas porque así fomentamos su autonomía, su capacidad para elegir y sus gustos culinarios. Y cuando queramos o necesitemos dejarlo en un espacio fuera de casa, buscaremos el mejor, el que más se parezca a nuestro hogar, donde le acompañen y le ayuden a ser.

A mí me parece que desde que nacen nuestros hijos y nuestras hijas, estamos decidiendo qué opciones nos parecen más adecuadas para que sean felices, ahora y después. Si tuviese que resumir este estilo de criar diría que gira en torno a dos conceptos, amor y respeto. Y además, porque eso es la vida, tomamos decisiones continuamente.

Pero mira tú por donde que en esta maraña de información que buscamos y recibimos falta una patita. Y es una de esas que si no la afianzas bien la mesa se entorna y el vaso se cae. Si no tenemos en cuenta la perspectiva de género, nuestro respeto será muy bien intencionado pero se quedará corto. Y querrás que tu hija sea una mujer empoderada y tu hijo un hombre respetuoso y no se vea obligado a ir por el camino de la masculinidad imperante. Lucharás para que no sean víctimas de acoso escolar, ni de violencia de género, para que no sufran trastornos alimenticios. Y el único camino para impedirlo es la formación, la educación, en las escuelas y en casa. Y así, aunque tu hijo sea el más libre de su escuelita, y a pesar de que tu hija sea la más feliz en la casa de su madre de día, si no estamos dispuestos a intervenir cuando sea necesario, no los estaremos ayudando a crecer en igualdad. Sí, he dicho “intervenir”. Que me quiten el carnet de mamá con apego, el de educadora respetuosa, lo que queráis, pero en nuestro trabajo acompañando a peques o como madres y padres, hay que manejar las herramientas que nos aporta la teoría de género, porque es imposible crecer en un entorno neutro, sin discriminación. Por desgracia, nadie está libre de que los estereotipos culturales nos limiten, y no queremos que crezcan condicionados, ¿no? ¿Prefieres darle a tu peque dos opciones que incluyen todo lo que se espera de una niña o todo lo que se espera de un niño o quieres optar por darle muchas más? Pues para eso tendrás que intervenir, ir más allá de la observación y vestir tu mirada de violeta. Otra cosa es cómo lo hagas, que tendrá que ser con todo el cariño del mundo, cuidando el momento y la oportunidad. Pero si detectas un comportamiento racista en la escuelita en la que eres acompañante, en el parque mientras observas, en tu casa, ¿no intervendrás, no explicarás que eso es injusto y que no debemos hacerlo? ¿que todo el mundo merece el mismo respeto? Pues las situaciones machistas o sexistas son también injustas, insolidarias y discriminatorias, vamos entonces a acompañar en ese crecimiento en igualdad.

Que tu peque tenga las destrezas, las aptitudes que prefiera, la vida que desee. Desde la libertad pero con toda la información.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *